Las pesadillas de Aryanna olían a colonia cara y ojos azules que la perseguían incluso dormida.Se incorporó en la cama con un jadeo ahogado, el camisón empapado en sudor pegándose a su piel como una segunda epidermis. El reloj digital de la mesita de noche marcaba las 3:00 AM en números rojos que parecían sangrar en la oscuridad. Su corazón golpeaba contra sus costillas con la violencia de un animal enjaulado, y sus manos temblaban mientras apartaba el cabello húmedo de su frente.En el sueño, Silvain la había perseguido por pasillos interminables de la mansión. No corría, nunca corría. Simplemente caminaba con esa elegancia depredadora que le era característica, mientras ella tropezaba y caía, sus gritos tragados por las paredes que se cerraban a su alrededor. Y cuando finalmente la alcanzaba, sus manos frías como el mármol se cerraban alrededor de su garganta mientras susurraba: "Eres mía. Siempre lo has sido."Aryanna se llevó las manos al cuello, sintiendo aún la presión fantasma
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