—Si Amalia escribió mi nombre sin conocerme, entonces no estaba dejando una pista —dijo Aryanna—. Estaba dejando una carga.
La frase cayó sobre la mesa con el peso de algo húmedo.
Nadie discutió.
La nota manuscrita de Amalia Duarte seguía dentro de la bolsa transparente, junto al plato de Esteban y la servilleta que Teresa había puesto como lugar simbólico para una mujer ausente. La casa olía a pintura fresca, frijoles y miedo mal disimulado.
Emilia estaba de pie, con los brazos cruzados, mirand