—Quiero recordar cómo sonaba mi papá cuando abría una puerta y no cuando otro hombre se iba de una.
Aryanna no contestó desde el pasillo.
No supo hacerlo.
La puerta blanca de Emilia estaba entreabierta, apenas una línea oscura entre el cuarto y la casa. Desde dentro, su hermana no lloraba. Eso era peor de algún modo. La voz había salido tranquila, limpia, como si hubiera tardado años en encontrar esa frase y ahora no quisiera adornarla.
Aryanna apoyó la mano en el marco.
—Entonces mañana vamos a