Mundo ficciónIniciar sesiónLa llamada llegó a las once y cuarenta y tres de la noche.
Aryanna había estado sentada en la biblioteca, el diario de Isabella abierto sobre su regazo, cuando el teléfono nuevo —el que Silvain le había dado para reemplazar el que "había perdido"— vibró contra la mesita de caoba. El número desconocido parpadeó en la pantalla como una advertencia.
—¿Señorita Salvatierr? —La voz era profe







