—No.
Aryanna no dejó que la frase de Isolde quedara flotando.
La oficina del archivo externo estaba llena de gente, papeles y respiraciones rotas. Dos agentes custodiaban la entrada. Inés hablaba con la abogada junto al archivero. Amalia Duarte lloraba en una silla, con las manos hundidas entre las rodillas. Teresa no soltaba a Emilia, y Emilia parecía una niña y una mujer al mismo tiempo, aferrada a su madre como si cualquier parpadeo pudiera devolverla a La Viña.
Silvain seguía a un metro de A