El silencio de la habitación me envolvía como una segunda piel. Habían pasado tres días desde el ataque, y aún podía sentir el eco de los disparos reverberando en mi cabeza. Mis dedos recorrieron instintivamente la cicatriz que comenzaba a formarse en mi brazo, un recordatorio físico de que mi vida había cambiado para siempre.
La palabra "Aurora" seguía danzando en mi mente como un fantasma persistente. ¿Qué significaba? ¿Por qué esos hombres la habían mencionado justo antes de intentar matarno