Llevaba días con esa sensación pegada a la piel, como un susurro oscuro que se negaba a callar: alguien cercano estaba jugando en mi contra, alimentando a Roberto con nuestras piezas más valiosas. Y eso dolía más que cualquier herida abierta. Porque no era un enemigo cualquiera, era uno de los míos, alguien a quien había confiado mi vida y mis secretos.
La revelación me llegó a través de un mensaje cifrado, demasiado claro para ser ignorado. Uno de mis hombres más cercanos estaba filtrando info