El eco de sus palabras aún me persigue.
"Tu padre firmó su sentencia el día que me negó el poder. No fue personal, Isabella… Fue necesario."
Necesa-fucking-rio.
El coche se desliza por las calles empedradas de Nápoles como si el mundo no se hubiese detenido unos minutos atrás. Como si yo no estuviera conteniendo una furia tan densa que podría romper el cuero del asiento con solo apretar los puños. El chófer ni se atreve a hablar. Sabe que cuando mis labios están sellados y mis ojos fijos en la