67. Vuelo de emergencia a Ginebra
El agudo sonido de las sirenas rompió el silencio del penthouse. La luz roja parpadeante cegó a Bianca. Su corazón latía a mil por hora. Miró a su marido, presa del pánico.
—¿Una bomba de relojería? —repitió Bianca, incrédula—. ¿En nuestro propio avión?
—Quieren quemarnos vivos en el aire —gruñó Daniel. Tiró de la mano de su esposa—. Tenemos que salir de esta habitación ahora mismo.
—¿Cuánto tiempo le queda a la bomba, Kenzo? —preguntó Bianca rápidamente. Corría para seguir los grandes pasos de