68. Persecución en Ginebra
A Bianca se le cortó la respiración al escuchar el informe de Oráculo a través del teléfono satelital. Sus ojos castaños miraron a Daniel, desbordantes de ansiedad. Su marido permanecía rígido en el gélido pasillo del avión de carga. Las venas de la mano de Daniel se marcaban con fuerza al apretar el teléfono.
—¿Cómo han podido abrir esa caja sin la llave original? —gruñó Daniel, rompiendo el silencio. Su voz sonaba inmensamente amenazadora—. Solo yo tengo la llave de la rosa negra, Oráculo.
—L