69. La oscura verdad sobre su tío
El aire de los Alpes calaba hasta los huesos en aquella madrugada. Bianca aún sostenía la vieja carta con ambas manos. Sus ojos estaban fijos en el rostro de su marido, que había palidecido por completo. Daniel permanecía de pie, completamente rígido, en medio de la fría carretera asfaltada. El hombre parecía haber perdido la capacidad de respirar.
—El tío Marco —murmuró Daniel en un susurro apenas audible. Su voz sonaba hueca y destrozada—. El propio hermano de mi madre fue quien la asesinó.
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