Una obsesión peligrosa.
El banco rostro de la bella arquitecta se puso rojo, como se atrevía ese hombre a decir tal cosa. No había manera de que permitiera tocarla.
— Tu no me vas a volver a hacer nada, estaba dormida cuando te aprovechaste y me hiciste al bebé. — Angy señalaba al empresario con él cubierto.
— ¿Me reclamas entonces porque te hice al bebé?
— ¡Noooo, no metas a Vladimir en esto! Al niño lo amo muchísimo...
— ¿Vladimir? ¿Ya has decidido el nombre de nuestro hijo, y no me tomaste en cuenta? No es