VA A VERLO

—Silvia —ordenó Theodore con voz dura—, comunícate de inmediato con mi asistente. Quiero que venga a la oficina de la Vicepresidencia ahora mismo.

Su furia era palpable. Yo, en silencio, buscaba un pañuelo dentro de mi cartera. La asistente de Theodore no tardó en llegar. Tanto ella como Silvia se quedaron paralizadas al ver la sangre manando de mi nariz, pero ninguna se atrevió a decir una sola palabra en su presencia.

—Dígame, señor Scalyne —escuché decir a Minerva, su secretaria.

—Ordena a nuestros abogados que redacten la finiquitación del contrato con Trovatto Group —dictó sin pestañear—. Notifica a la empresa que Theodore Scalyne rompe el acuerdo firmado el día de ayer. El conglomerado cubrirá todos los gastos.

Apreté los puños con fuerza.

Aquello era una locura.

El contrato con Trovatto Group había sido extremadamente difícil de conseguir, y romperlo de esa manera tendría consecuencias graves. Alonso Trovatto no era un hombre al que se pudiera provocar sin pagar un precio. Nadie se atrevería a hacer aquello, pero Theodore tal parece que no pensaba igual.

—Por supuesto, señor —respondió Minerva, obediente.

Silvia permanecía inmóvil, esperando órdenes.

—Pueden retirarse las dos.

Las asistentes obedecen Y, una vez más, quedé sola frente al ojo del huracán.

—Estás loco —le grité sin contenerme—. A partir de ahora todos van a tomar al conglomerado Scalyne como un chiste.

—Un chiste —respondió con desprecio— es que hayas conseguido esa firma usando tu cuerpo. Como no pudiste revolcarte conmigo, se te hizo más fácil abrir las piernas para Alonso.

Sentí que las piernas me fallaban.

—Eres una mujer sin escrúpulos —continuó—. Ahora entiendes por qué Paola es mi elegida. Ella no es una cualquiera como tú.

El golpe no fue físico esta vez, pero dolió mucho más. Me mordí los labios con fuerza para no llorar, para no darle ese triunfo.

—Ya es suficiente, Theodore —logré decir, con la voz rota por la rabia. — Hice todo lo posible para conseguir este contrato, para dejar a esta Empresa como un Grupo a la altura de nuestros socios.

—Si necesitas clientes —añadió con cruel condescendencia—, puedo recomendarte con algunos amigos. Tal vez estén interesados en tus… servicios — Theodore era un imbécil, estaba hablando de sus empresas y él me sale con que podría conseguirme clientes. Me estaba tomando como a una cualquiera y aquello no es así y tampoco se lo voy a permitir.

—Puede retirarse, señor Scalyne —dije con un hilo de dignidad.

No respondió. Simplemente salió de la oficina.

Me quedé sola.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control mientras las palabras de Theodore resonaban en mi mente como un eco interminable. El dolor en el pecho era insoportable, como si alguien me hubiera arrancado el corazón y lo hubiera hecho pedazos.

Cada frase suya se clavaba en mi alma como una cuchilla. En sus ojos ya no había rastro de amor, solo desprecio. Y esa certeza me hundía en una tristeza profunda, abismal.

Me sentía vulnerable, expuesta, rota. ¿Cómo había llegado a amar a un hombre capaz de destruirme de esa forma? ¿En qué momento dejé de importarle tanto?

La oficina, fría y silenciosa, se convirtió en un espacio asfixiante. Lloré sin consuelo, atrapada en una realidad que no quería aceptar.

—Señora, por favor… no llore —escuché la voz de Silvia—. Se está haciendo daño.

Entre la neblina de mis lágrimas vi que traía una chaqueta limpia.

—Discúlpame, Silvia… por dejar que me veas así —murmuré.

—Mi señora —dijo con firmeza—, el señor no la quiere. Y usted se está destruyendo por alguien a quien no le importa. Aunque sus lágrimas fueran de oro, no servirían de nada. Por su bien, aléjese de la empresa por un mes. Mientras esté cerca del señor Theodore, seguirá sufriendo.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar:

—El vicepresidente del conglomerado en Estados Unidos pidió permiso por un mes. Usted puede ocupar ese cargo temporalmente. Solicite el traslado. Descanse.

Tenía razón.

Sabía que Manuel, un gran amigo, había pedido permiso. Si seguía cerca de Theodore, terminaría hecha polvo. Levanté el rostro mientras Silvia me pasaba una toalla para limpiarme. No usaba maquillaje, pero la sangre aún manchaba mi piel.

—Redacta la solicitud de intercambio por un mes —le pedí.

En ese instante, mi teléfono sonó. Número desconocido.

—Habla Vega de la Torre —respondí.

—Es curioso —dijo una voz fría al otro lado—. Ayer, para conseguir una cita conmigo, usted era la señora Scalyne. Hoy, después de que Theodore ordenara romper el contrato, vuelve a ser solo de la Torre.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Alonso Trovatto estaba al otro lado de la línea, me recompuse lo más rápido que pude.

—Alonso… ¿podríamos hablar?

No pensaba quedarme de brazos cruzados. Theodore había actuado de forma impulsiva, pero no podía dejar que el conglomerado quedara mal parado.

—Trovatto Group —respondió únicamente.

Eso bastó.

—Silvia, envía la carta apenas la tengas lista. Voy a Trovatto Group. Todo aquí está en orden —dije mientras tomaba mis cosas.

Al salir al estacionamiento, vi el vehículo de Paola llegando. Aceleré el paso. No soportaría verla ese día. No soportaría una humillación más ya tengo bastante con Theodore como para soportar a su amanhe ahora mismo.

Cuarenta y cinco minutos después, el imponente edificio de Trovatto Group se alzaba frente a mí. Respiré hondo, acomodé la chaqueta y traté de ignorar el dolor de cabeza, consecuencia de la carga emocional de los últimos días.

—Buenos días, señora Scalyne. El CEO la espera —dijo la secretaria, sorprendida de verme—. Por aquí, está en una llamada, pero enseguida la recibe.

Asentí y esperé. La oficina era elegante, sobria, con un marcado aire masculino.

—Si ella no está dispuesta a cumplir —escuché decir desde adentro—, deja claro que en tres horas presentaré a mi esposa sustituta. Se acabó mi paciencia con ella, así como se acabó mi tiempo.

Me quedé helada.

¿Esposa sustituta?

Esa era la voz de Alonso Trovatto… y estaba furioso. Pero ¿Por qué estaba hablando de una esposa sustituta? Me masajee la frente, definitivamente el dolor de cabeza estaba por acabar conmigo.

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