Celos...
La villa estaba envuelta en una calma expectante.
Las luces cálidas iluminaban el vestíbulo principal, reflejándose en el mármol pulido y ascendiendo por la barandilla de hierro forjado que conducía al piso superior. Afuera, la noche se extendía profunda y aterciopelada, mientras en el interior todo parecía contener la respiración.
Alonso aguardaba al pie de la escalera.
Vestía un traje negro perfectamente entallado, de corte impecable, con una camisa blanca de cuello firme y un reloj de