El tiempo había cambiado de ritmo. En aquel laboratorio frío, cada segundo parecía alargarse como una condena interminable. Vega ya no sabía cuánto había pasado desde que había despertado, pero sí sabía algo, la mañana se acercaba y con ella… su sentencia. El silencio que había reinado durante horas se rompió de pronto. Pasos. Más de uno, eran pasos pesados, firmes.
Vega alzó la mirada lentamente. Su corazón dio un golpe seco en su pecho. La puerta metálica se abrió con un chirrido y ellos ent