Después del almuerzo con su esposa. Alonso tenía trabajo. Mucho.
Los informes seguían acumulándose. Las llamadas no se detenían. Francia estaba cada vez más cerca y cada movimiento debía calcularse con precisión.
Pero aquella tarde, mientras firmaba un documento más, levantó la vista hacia el reloj y tomó una decisión que no figuraba en ninguna agenda.
Cerró la carpeta.
Se puso de pie.
Y buscó su teléfono. Se había percatado de que él almuerzo termino muy pronto.
—Preparen la suite p