La oscuridad fue lo primero que sintió. No era una oscuridad total, sino una penumbra blanquecina que parpadeaba detrás de sus párpados, como si la luz de un fluorescente estuviera filtrándose a través de la conciencia todavía adormecida.
Luego llegó el dolor. Un latido seco en la sien. Un eco del golpe que había recibido. Vega abrió los ojos lentamente. La luz le quemó la vista por un instante. Parpadeó varias veces antes de poder enfocar el lugar donde estaba. El techo era blanco. Demasiado