La mañana avanzaba lenta, tensa, como si el aire dentro de la clínica privada estuviera aprisionado entre paredes que ya habían presenciado demasiados secretos. Leah Presley llevaba más de diez horas sin dormir, con la ansiedad punzándole los nervios como agujas ardientes. Se había quedado sentada al borde del pasillo, con la vista fija en la puerta donde Kevin permanecía conectado a máquinas que mantenían la vida latiendo dentro de él.
Pero algo la alertó de inmediato.
Había un silencio ex