Dulce se quedó inmóvil frente a la puerta secundaria de la habitación donde Kevin Hill estaba conectado a máquinas.
Su mano tembló ligeramente sobre el picaporte. No la usual vibración de alguien nervioso… sino un temblor profundo, involuntario. Un temblor que nacía en el estómago, subía por el pecho y se le alojaba en la garganta.
Por primera vez en mucho tiempo, tenía miedo. Miedo de que alguien la amenazara de la manera en la que Leah lo hace, incluso el silencio de ella, pesa para Dulce. El murmullo distante de los enfermeros, el eco de las ruedas de una camilla moviéndose en otra área… nada lograba opacar la sensación de que algo se desmoronaba dentro de ella. Intentó respirar hondo, pero el aire parecía no querer entrar.
—Contrólate —susurró en voz apenas audible. — Ya llegaste hasta quí Dulce.
Pero su propio tono la traicionó: no sonaba firme, ni segura, ni mucho menos poderosa.
Sonaba…temerosa.
Dulce cerró los ojos con fuerza, tratando de recomponer su máscara. Imaginó su ros