Al momento en que él sale de allí toma el volante del vehículo, la cabeza estaba a punto de explotar, Kevin se estaba dando cuenta de que no estaba actuando a sangre fría como debe de ser y como él está acostumbrado a hacer.
Nada estaba saliendo como debía.
Kevin condujo con el ceño fruncido, los nudillos blancos alrededor del volante. El informe seguía abierto en la pantalla del tablero, como una herida que no dejaba de sangrar. No obstante un nuevo dolor de cabeza estaba por surgir nuevam