Al momento en que él sale de allí toma el volante del vehículo, la cabeza estaba a punto de explotar, Kevin se estaba dando cuenta de que no estaba actuando a sangre fría como debe de ser y como él está acostumbrado a hacer.
Nada estaba saliendo como debía.
Kevin condujo con el ceño fruncido, los nudillos blancos alrededor del volante. El informe seguía abierto en la pantalla del tablero, como una herida que no dejaba de sangrar. No obstante un nuevo dolor de cabeza estaba por surgir nuevamente.
Puesto que Dulce Hill había llegado a Bella Vista. El teléfono de Kevin había sonado, se trata de uno de sus guardaespaldas.
— Señor Hill, lamentamos la molestia, pero la señora Dulce obtuvo el alta y no hubo poder humano qué la detuviera, ella exigió venir a Bella Vista y el doctor para evitar complicaciones accedió.
Kevin aprieta las manos en el volante. No estaba en los planes. No era prudente. No era sensato.
Pero Dulce había insistido.
—"Ya no puedo esperar", nos ha dicho Se