La Villa Hill estaba iluminada como si esperara una celebración, pero el aire era denso, cargado de una tensión invisible que se filtraba en cada rincón. Kevin Hill descendió del automóvil sin prisa, ajustándose el abrigo con un gesto automático. No llevaba prisa porque, en el fondo, sabía que ese encuentro no tenía escapatoria.
Había postergado ese momento lo suficiente.
Apenas cruzó el umbral, la vio.
Dulce Hill estaba de pie frente a él, como si hubiera estado aguardándolo desde siempr