El portón principal de la Mansión Presley se cerró con un golpe suave, casi solemne, detrás de ellos. Leah sintió un alivio tenue recorrerle el pecho, como si cada paso que daba hacia el coche la alejara un poco de todo lo que acababa de ocurrir allí dentro. Kevin caminaba a su lado en silencio, atento, sin invadirla. La miró de reojo antes de abrirle la puerta del vehículo.
—¿Quieres que almorcemos en algún restaurante? —preguntó con voz tranquila, procurando que sonara más a sugerencia que