La noche había descendido suavemente sobre la playa, envolviendo todo con un aire cálido y silencioso. El sonido del mar llegaba constante, un murmullo que parecía marcar el ritmo del corazón de ambos. Kevin había pedido que prepararan una pequeña mesa cerca de la orilla, con velas bajas protegidas por cristales para que el viento no las apagara. Una cena ligera, elegante, pero íntima… como si el mundo se hubiera detenido solo para ellos dos. Y de esa manera para que Leah pudiera sentir calma.