El silencio de la habitación era tan profundo que Leah escuchaba con claridad cada latido en su pecho. La madrugada había sido larga, llena de incertidumbres y respiraciones contenidas. El monitor cardiaco de Kevin emitía un ritmo estable, constante, casi como un susurro mecánico que ella agradecía escuchar. Había pasado horas allí, sentada en la silla a su lado, con los dedos entrelazados a los de él, como si ese contacto fuera lo único capaz de anclarlo al mundo.
La luz tenue que entraba des