Kevin volvió a abrir los ojos apenas unos minutos después de haberse rendido al cansancio. Esta vez, la respiración de Leah se detuvo. Ella había permanecido allí, sentada en la silla a su lado, sin apartar la mirada de su rostro ni un instante. Pero lo que vio ahora la hizo incorporarse con cuidado.
El azul de los ojos de Kevin lucía cristalino, alerta en medio del agotamiento. Movió los dedos como si quisiera buscar algo, o a alguien. Y Leah tomó su mano de inmediato.
—Estoy aquí, contigo K