Mein Ling permanecía inmóvil tras su escritorio de sándalo, envuelta en el aroma a incienso y peligro. Las pantallas frente a ella mostraban el movimiento errático de los mercados negros en la ciudad. El vacío que dejó Ángelo estaba siendo llenado por el caos, justo como ella lo había previsto.
De pronto, un código rojo parpadeó en su terminal. Era la filtración de Hiro a través de Zhang.
—Así que Kai ya tiene la corona de espinas —murmuró Mein con una sonrisa gélida que no llegaba a sus ojos—.