El sol de la mañana entraba por el gran ventanal del comedor de Mein Ling, en el salón privado, Ángelo, ya vestido de negro impecable, estaba sentado a la mesa mientras Vicente le pasaba unos informes. Cassandra entró en la habitación, con el rostro serio y esa belleza magnética que el embarazo estaba acentuando.
—Ayer no terminamos de hablar, Ángelo —dijo ella, sentándose frente a él sin probar bocado.
—Estaba cansado, rebelde, y Vicente tenía urgencias de los muelles —respondió Ángelo con cal