Valentina, Leonardo e Isabella salieron de la mansión en los Hamptons poco después de las once de la mañana. El auto de lujo negro avanzaba suavemente por la carretera costera hacia Manhattan.
Valentina iba en el asiento trasero junto a Isabella, mientras Leonardo conducía personalmente, interpretando a la perfección el papel del hijo arrepentido y atento.
Valentina miraba por la ventanilla, todavía conmovida por la reconciliación de esa mañana.
—No saben cuánto me alegra que hayamos hablado —