Isabella despertó con un sobresalto, el corazón latiéndole con fuerza. La habitación estaba exactamente como la había dejado: limpia, ordenada, sin sangre, sin vestido destrozado, sin mechones de cabello, sin anillo. Solo la luz del amanecer entrando por los ventanales del penthouse y Leonardo durmiendo a su lado, respirando tranquilo.
Se sentó en la cama lentamente, pasándose las manos por la cara. El vestido ensangrentado, el nombre de Ángelo escrito con sangre… todo había desaparecido, solo