En la penumbra de la habitación, Cassandra terminó de ajustar el reloj en la muñeca de Ángelo. El ambiente era denso, cargado con la electricidad del reencuentro y la inminente confrontación.
—Bueno, mi demonio... —susurró Cassandra, acercándose a su oído con una mirada que mezclaba malicia y advertencia—. Hay algo más que debes saber. Algo que ha estado creciendo en las sombras mientras tú ponías orden en tus negocios.
Ella le habló en voz baja, revelándole el enredo de pasiones entre Wei y Cl