El sol de la tarde bañaba la entrada de la mansión en los Hamptons cuando las camionetas blindadas regresaron del centro comercial. Cassandra bajó primero, seguida de Clara, quien reía entusiasmada, y la abuela, que caminaba con una elegancia serena que contrastaba con su habitual sencillez. Jessica, impecable y alerta, supervisaba la descarga de docenas de bolsas con ropa para ellas dos, manteniendo el perímetro seguro mientras Rosa observaba, oculta, desde la distancia.
Una vez dentro, en el