La mañana en los Hamptons nació gris, con una neblina espesa que se filtraba por los ventanales del comedor. Ángelo esperaba a la abuela, sentado frente a una mesa servida con opulencia, pero él no había probado bocado. Su mente seguía repasando las grabaciones de la noche anterior y el expediente de la familia Morales.
Cuando la abuela entró al salón, escoltada suavemente por Vicente, se detuvo al ver la expresión gélida de Ángelo. Él no era el hombre encantador de la tarde anterior; era el Re