Wei permaneció unos segundos más enterrado hasta el fondo en el ano de Clara, disfrutando de las últimas contracciones de su cuerpo. Luego, muy lentamente, comenzó a retirarse. Centímetro a centímetro, su polla gruesa y todavía medio dura salió del estrecho agujero, dejando un hilo espeso de semen que escapó del ano abierto y enrojecido de Clara.
Ella soltó un largo gemido tembloroso cuando sintió el vacío.
—Ahhh… me tienes mal, mi dragón… Ahhh… —jadeó Clara, aún boca abajo, con el culo ligeram