En cuanto la puerta de la habitación de los bebés se cerró con total sigilo, Wei no esperó ni un solo segundo. Con la agilidad recuperada de sus dos piernas, acorraló a Clara contra la pared del pasillo, la tomó por los muslos y la levantó en el aire de un solo golpe, haciendo que ella enredara sus piernas instintivamente alrededor de su cintura.
Clara ahogó un grito de sorpresa, aferrándose a sus hombros anchos mientras él caminaba a zancadas directas hacia la habitación principal, azotando la