Pasó la punta de su lengua por la cabeza del miembro de Wei, trazando círculos lentos que lo hicieron jadear. Luego, descendió hacia sus testículos, acariciándolos con una suavidad que lo hacía retorcerse. Wei sentía que perdía el control; ver a su loto así, entregada y dominante al mismo tiempo, era la fantasía más oscura y hermosa que había tenido.
Entonces, Clara buscó algo en la mesa de noche: una menta. La puso en su boca y la trituró lentamente con sus dientes, dejando que el frescor inun