En la penumbra de la habitación, el sonido del monitor cardíaco rítmico era lo único que llenaba el espacio. Clara abrió los ojos lentamente, encontrándose con la mirada empañada de Cassandra, quien le sostenía la mano como si fuera su único anclaje al mundo.
—Casi te pierdo, pequeña... —susurró Cassandra, rompiendo en un llanto silencioso que le sacudía los hombros—. Esa mujer... nos robó todo. Nuestra identidad, nuestro dinero, incluso el derecho de llorar a nuestra verdadera madre. Pero te j