Al día siguiente, el sol apenas empezaba a disipar la bruma sobre la mansión. Cassandra preparó el desayuno con precisión mecánica, tratando de ignorar los susurros de las criadas que aún la miraban con recelo. Cuando se disponía a subir a la habitación, Marco, el jefe de seguridad, la detuvo en el pasillo.
—El jefe no está arriba —dijo Marco con voz grave—. Está en el comedor principal. Esperándola.
Cassandra arqueó una ceja. Era la primera vez que Ángelo salía de su refugio tan temprano.