La orden no se dio a gritos, sino con un susurro gélido en la oficina privada de Mei Ling. Ella dejó una carpeta roja sobre el escritorio: las pruebas de que los Nakamura no solo habían faltado al respeto, sino que estaban negociando a espaldas del clan Sakura, planeando una incursión hostil para desestabilizar la región.
—La traición es una enfermedad, Ángelo —dijo Mein Ling, encendiendo un cigarrillo con parsimonia—. Y la única forma de detener la gangrena es amputar. Toda la rama Nakamura.
Á