Las calles de China fueron el escenario perfecto para el despliegue de amor de Wei y Clara. Wei, siempre imponente pero relajado, caminaba por los mercados callejeros con la mano de su "loto" fuertemente entrelazada a la suya. Poco a poco, le enseñaba frases básicas: *"Wǒ ài nǐ"* (te amo), *"Hǎo chī"* (está delicioso).
Clara, con su alegría contagiosa, repetía cada palabra con una mezcla de torpeza y dulzura que hacía que los ojos de Wei brillaran con una luz que nadie más veía.
En los lugares