El silencio en el pasillo superior era tan denso que se podía sentir en la piel. Clara, con las manos temblorosas y los ojos hinchados de tanto llorar, se arrodilló frente a la puerta del despacho. En un trozo de papel, con la letra quebrada por el dolor, escribió sus últimas palabras de esperanza:
"Wei, mi Dragón... entiendo tu furia. Sé que te fallé y que mi 'libertad' fue una falta de respeto a todo lo que has hecho por mí. Si tu decisión final es dejarme, aceptaré mi castigo y me iré, aunqu