En lugar de plomo, unos potentes cañones de aire comprimido dispararon ráfagas de una sustancia química viscosa y ultra-adherente de color rosa fluorescente, seguida de una lluvia masiva de purpurina industrial y viruta de metal picado.
El impacto fue tan fuerte que los tiró de espaldas. Marco y Vicente quedaron cubiertos de una mezcla pegajosa que, al contacto con el aire, empezó a endurecerse ligeramente, brillando bajo el sol como si fueran dos estatuas de discoteca.
Hubo un segundo de confus