Luna
El regreso al territorio fue silencioso. Mis heridas físicas habían sanado con una rapidez sobrenatural, pero las cicatrices invisibles permanecían. Vladislav caminaba a mi lado, su presencia imponente y, sin embargo, extrañamente reconfortante. Ninguno mencionó lo ocurrido en el bosque, ese momento en que nuestras sangres se mezclaron, en que su vida fluyó dentro de mí y la mía dentro de él.
Desde entonces, algo había cambiado. Lo sentía como una corriente eléctrica bajo mi piel, un hilo