Vladislav
La noche se extendía como un manto de terciopelo negro sobre la ciudad. Desde la ventana de mi estudio, observaba las luces distantes mientras giraba lentamente la copa de sangre entre mis dedos. El líquido carmesí reflejaba la luz de las velas, hipnótico como los ojos de Luna cuando se enfurecía.
Habían pasado tres noches desde el ataque. Tres noches de búsqueda incesante, de interrogatorios y amenazas. Tres noches en las que el traidor seguía oculto entre nosotros, respirando el mis