Vladislav
El dolor fue lo primero que sentí al abrir los ojos. Un dolor punzante que recorría cada centímetro de mi cuerpo, recordándome que incluso los inmortales podemos caer. La luz tenue de la enfermería me recibió, junto con el olor a antiséptico y sangre seca. Mi sangre.
Intenté incorporarme, pero una punzada en el costado me obligó a detenerme. Fue entonces cuando la vi. Luna dormía en una silla junto a mi cama, con la cabeza apoyada incómodamente sobre el borde del colchón. Su cabello c