Luna
La noche se cernía sobre la mansión como un manto de terciopelo negro. Desde mi ventana, observaba las sombras danzar entre los árboles del jardín, mientras la luna, mi homónima, brillaba con una intensidad casi sobrenatural. Mis dedos tamborileaban sobre el alféizar de mármol, el único sonido en la habitación además de mi respiración contenida.
Sabía que vendría. Lo había citado en la antigua biblioteca del ala este, un lugar que rara vez frecuentaban los demás miembros del clan. Un espac