David
Ámbar se aferra a las sábanas para resistirse, pero finalmente se rinde y explota. Sigo embistiéndola hasta que termino también.
—No quiero irme —le digo mientras me recuesto junto a ella.
La luz que entra por su ventana me lastima un poco los ojos, pero eso no me impide disfrutar de las hermosas vistas. Ámbar sonríe burlona, como si le divirtiera saber que la necesito.
—Lo que tú vas a extrañar es buscar excusas para castigarme y hacer eso que haces.
Me resulta fascinante y gracioso c