Ámbar
El encuentro entre Charlie y Gustavo no es tan desastroso como mi amiga y yo suponíamos, pero hay una razón importante para ello: ninguno de los dos le ha dicho a Charlie que es su papá.
—¿Se pusieron de acuerdo para no decirle? —le pregunto a Ruth mientras entramos al pulcro despacho de David, que es más luminoso y bonito que el de su casa en la colina.
—No. Supongo que él tampoco quiso ganarse un pequeño enemigo —me dice ella, que está asomada al jardín desde el ventanal—. Cuando se e