Ámbar
David me abre la puerta de su camioneta cuando nos encontramos afuera del edificio. Antes de entrar, me aseguro de que nadie me vea y me subo rápidamente.
—Es impresionante todo lo que lograste en tan poco tiempo —me dice David mientras conduce—. Te felicito.
—Gracias —respondo con una leve sonrisa, entrelazando los dedos para calmar mi ansiedad—. Anoche me fui, así que no supe. ¿Resolviste el tema del insecto?
—¿Cuál insecto? —pregunta distraído, y mi corazón se acelera.
—El de la sopa.