Ámbar
Durante los primeros minutos del viaje, me aferro a la agarradera como si eso me fuera a salvar de la muerte en caso de que el vehículo se salga de control por culpa de la niebla.
—Vaya, esta colina sí que es difícil —murmura el taxista—. Pensé mucho antes de aceptar el pedido de mi tía, esta colina…
—Espera, ¿Anastasia es tu tía? —le pregunto, con una risa de incredulidad.
En ese momento noto el parecido que tiene con ella. Ambos poseen unos labios delgados y una sonrisa cálida, además de