Ámbar
Después de pasar un rato en aquel lugar y descubrir que una linda familia habita en la casa, decidimos irnos. El auto de Joshua es bastante nuevo y moderno, algo que no hubiera esperado que consiguiera tan pronto.
—Capaz de subir colinas y enfrentar las nieblas —bromea cuando nos subimos, ya que le conté toda mi odisea en el taxi.
—Es muy bonito, aunque el olor a cuero me marea un poco —admito.
—Diablos —farfulla mientras baja las ventanillas—. Espero que con esto estés mejor. No me atrevo a poner un aromatizante porque no sé si le haga bien al bebé.
Me toco el vientre, sintiendo culpa por estar demasiado sumergida en mi dolor y no haber comido decentemente.
—Serás una gran madre —me dice Joshua, mirando a mi vientre con una sonrisa tierna—. Tu hijo o hija es afortunado de tenerte.
—¿No estás molesto conmigo por todo esto? —le pregunto—. Quiero decir, fui incongruente.
—No, Ámbar. Me di cuenta de que fui inmaduro al enojarme contigo. Nunca debí dejarte sola. Lo siento mucho.
—No,